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El recuerdo emocionado pero alegre de Fernando Peñalosa PDF Imprimir E-mail
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La tercera mesa redonda sobre la figura del fotoperiodista segoviano abordó el ámbito personal, de la infancia a la relación con amigos y personajes de la ciudad.

Fernando Peñalosa tenía amigos en todos los sitios y conocía a casi todo el mundo. Ayer algunos hablaron de su historia más personal en la tercera de las mesas redondas organizadas con motivo de la exposición homenaje que acogen La Alhóndiga y la Galería África (Casa del Siglo XV), organizada por EL ADELANTADO y la Asociación de Amigos del fotoperiodista. Fue una hora de emociones pero alegre por los buenos momentos vividos en su compañía. La sala estaba, como en las anteriores mesas redondas, llena.

El gitano vendedor ambulante Rafael Miranda, el empresario de hostelería Javier Giráldez, primo de Peñalosa; el funcionario de la Junta de Castilla y León Luis Pérez de Cossío, el empresario cultural Kike Santana y la periodista Teresa Sanz, que actuó como moderadora, comentaron ayer algunas de las vivencias que compartieron con ‘Coli’ o el ‘Colilla’, como también era conocido el fotógrafo que trabajó durante casi cuatro décadas en este periódico.

Todos ellos hablaron de lo buena gente que era Fernando y coincidieron en su generosidad. “No sabía decir no a nada”, resumía al final el galerista Ángel Serrano, entre el público, después de recordar su faceta de ilusionista aficionado, porque le gustaba hacer pequeños trucos para familiares, amigos y compañeros.
La personalidad arrolladora de Rafael Miranda llamó sin duda la atención de Peñalosa desde sus primeros años de fotógrafo de prensa. Emocionado, este gitano aseguró ayer que Fernando se merecía un monumento: “Si hace falta algo de dinero para un monumento, yo pago”, dijo.

También lamentó que este reconocimiento llegué después de su fallecimiento y contó que guarda en su casa varias “afotos” que le regaló Peñalosa, así como recortes de prensa.
Miranda explicó que conoció a Fernando a través del padre Gallarta, cuando era un gitano del barrio de San Lorenzo casi recién llegado desde Palencia y reconoció que el fotógrafo le ayudó durante mucho tiempo en su labor para mejorar la situación de la población gitana, “porque era un buen samaritano”.

Comentó el gran interés que el fotógrafo tuvo siempre por la cultura y las tradiciones gitanas y la huella que dejó en todas las familias gitanas de Segovia, que le apreciaban de verdad “porque se veía que era muy buena persona”.

Desglosó algunos detalles divertidos de su experiencia común y, por ejemplo, hizo reír al público al alabar la trayectoria profesional del fotoperiodista: “Porque venía ya de buenas ramas y se bajó donde había un árbol seco, empezó desde abajo y sacando siempre al más pobre, al más necesitado”.

Dos de los participantes en la mesa redonda, Javier Giráldez y Luis Pérez de Cossío, nacieron el mismo año y el mismo mes que Peñalosa y mantenían con él una larga relación de amistad. De hecho, celebraron juntos su 50 y 60 cumpleaños. Giráldez mostró una fotografía tomada por el padre de los Peñalosa, Felipe, en la que aparecen ellos dos con otros hermanos. Contó que hasta los quince años Fernando Peñalosa y su hermano Gonzalo (fallecido hace tiempo), él mismo y su hermano Ramón, formaron un grupo inseparable y evocó sus juegos de indios y americanos. “Una pandilla divertida y mágica”, aseguró el empresario, en la que también participó más adelante Dominica Contreras, pues las tres ramas familiares eran “una piña” en esos años de postguerra.

Pérez de Cossío y Kike Santana destacaron la humildad de Peñalosa y su discreción y el primero contó lo emocionado que estaba Fernando cuando entró a su despacho un día a contarle que había sido abuelo. Por su parte, el empresario cultural recordó el apoyo incondicional que prestó a su establecimiento de la calle de los bares desde que, junto a su hermano Jose, tomara las riendas del local en 1992. También comentó que Peñalosa “era un buen animador y, cuando venía al Santana a hacer fotografías de algún concierto, se sentía como pez en el agua, se notaba que le gustaba ese rollito”.

Por su parte, Teresa Sanz, que compartió con él muchas horas cuando ambos trabajaban para el diario El Mundo, contó lo bueno que era Fernando haciendo con pocas palabras una radiografía de personajes de Segovia pero “sin cortar nunca un traje”. También que, aunque hablaba poco, era un excelente narrador y contador de chistes. Así mismo, disculpó, porque es poco hablador, al mecánico polaco Jarek Gajewski, que excusó su presencia aunque estaba invitado, porque compartía con Peñalosa la pasión por los coches y pasaron muchos ratos juntos.

Si existe un cielo, desde luego Fernando tiene que estar por ahí, ese cielo que según Rafael Miranda está más cerca de Segovia que Madrid “porque al cielo lo vemos desde aquí y a Madrid no”, asegura.

Fuente de la noticia: El Adelantado de Segovia, 9 de Septiembre de 2010